Recuerdos de un grande
Los libros que tratan sobre
los jugadores de ajedrez, por lo general contienen los datos
biográficos del mismo, torneos en los que participó, en cuántos de
ellos obtuvo el primer puesto, reproducciones de sus mejores
partidas…Pero el jugador está contenido por un ser humano, y sobre
su vida, su carácter, sus virtudes y defectos, sus idas y venidas,
sus afectos, muy poco se sabe sobre ello.
Alberto
Foguelman, como ser humano, tuvo una trascendencia igual o tal vez
superior a sus logros ajedrecísticos , y creo necesario detallar
algunas facetas de su vida para demostrarlo.
Alberto nació en Entre Ríos
en el año 1923. Eran cinco hermanos: tres mujeres y dos varones. Era
usual por esa época, que las mujeres hubieran trabajado para ayudar
a financiar las carreras de los varones, pero acá ocurrió todo lo
contrario: ellos ayudaron para que las mujeres realizaran sus
carreras universitarias, lo que obtuvieron y en la actualidad son y
han sido destacadas profesionales de renombre mundial. Ya desde esta
acción conjunta con su hermano se destaca una cualidad de Alberto:
su generosidad.
Nosotros
dos teníamos algo en común, además del ajedrez, y eso era el
oficio: éramos gráficos. Es muy común que, tal vez por trabajar
con letras, el trabajador gráfico se convierte en asiduo lector, y
Alberto lo era. No sólo leía sobre material ajedrecístico, también
visitaba lo mejor de la literatura universal. Y de acá a la
escritura hay un paso chiquito a recorrer, y él lo realizó.
Escribía con autoridad, nunca desarrolló un tema sin tener un
profuso conocimiento del mismo. Pero además contaba con estilo de
fina ironía, de tono algo burlón, que hacía más llevadero las
lecturas de los temas más densos. Eso se nota mucho en los dos
libros sobre partidas de ajedrez que escribió, los cuales con un
trabajo artesanal editó. Pero no crean que fue por interés
económico su publicación, la gran mayoría de los ejemplaren fueron
obsequiados por el autor a amigos, Círculos y Escuelas de ajedrez.
Siempre recuerdo que cada tanto aparecía con un paquete de diez
libros, que nosotros los destinábamos para premios de los distinto
torneos internos que se efectuaban en la entidad.
También
había algo más de común entre nosotros (y en esto también estaba
Carlos Gentile), que era nuestro gusto por la música clásica. Por
eso no fue sorpresa que, ya a una edad madura, contrajera enlace con
una cantante lírica chilena. Era una mujer de una refinada educación
y muy agradable en el trato. La pareja se convirtió en una asidua
concurrente al Círculo, pero lamentablemente, luego de varios años
de apacible y feliz convivencia, ella contrajo una cruel y grave
enfermedad que requería de grandes cuidados intensivos. Y Alberto no
esquivó el desafío: durante un par de años dedicó la vida al
cuidado de su compañera en silencio, sin una sola queja, en una
demostración de silencioso cariño. Durante dos años estuvo fuera
de toda actividad que no fuera la atención de la paciente, tarea que
cumplió hasta el final.
Años
más tarde, un grupo de sus amigos organizaron una colecta para
regalarle una computadora, tarea que se llevó a cabo en poco tiempo.
Pero él y la modernidad no estaban muy en sintonía, y al poco
tiempo la donó al Círculo.
Por
fortuna, cuando cumplió noventa años, le organizamos un asado
homenaje que se realizó en el Club Pacífico de Villa del Parque.
La
trayectoria de vida de una persona se asemeja a una partida de
ajedrez, de la que participa un solo contrincante, que se divide
entre dos tendencias: por un lado el materialismo, la acumulación,
el egoísmo…En el otro bando el espíritu, la dádiva, el
humanismo, la generosidad…Ambas tendencias disputan y tratan de
imponer sus puntos de vista…, la contienda no tiene definición, y
concluye cuando cae la aguja del reloj biológico. Luego, un
imaginario tribunal define los resultados.
En
el caso de Alberto, lo espiritual triunfó ampliamente sobre lo
material. Pero lamentablemente en el mundo moderno, donde el interés
de figuración supera a los sentimientos, donde el triunfo económico
predomina sobre el altruismo, el sensacionalismo es mucho más
visible que los actos correctos y silenciosos…su ejemplo de vida se
asemeja a una gota en el océano.
Su
vida nos enseña que nunca debemos renunciar a los sueños. Y en uno
de ellos podemos pensar que estas especiales gotas, unidas
fuertemente, se condensen en una nube inserta en un cielo buscador de
futuros territorios de aire puro y libres de malezas…, para
depositar su carga sobre sus prados, pintando en el horizonte un
arcoíris de colores claros y resplandecientes.
Omar
Peluffo