sábado, 28 de febrero de 2026

 Recuerdos de un grande




Los libros que tratan sobre los jugadores de ajedrez, por lo general contienen los datos biográficos del mismo, torneos en los que participó, en cuántos de ellos obtuvo el primer puesto, reproducciones de sus mejores partidas…Pero el jugador está contenido por un ser humano, y sobre su vida, su carácter, sus virtudes y defectos, sus idas y venidas, sus afectos, muy poco se sabe sobre ello.

Alberto Foguelman, como ser humano, tuvo una trascendencia igual o tal vez superior a sus logros ajedrecísticos , y creo necesario detallar algunas facetas de su vida para demostrarlo.

Alberto nació en Entre Ríos en el año 1923. Eran cinco hermanos: tres mujeres y dos varones. Era usual por esa época, que las mujeres hubieran trabajado para ayudar a financiar las carreras de los varones, pero acá ocurrió todo lo contrario: ellos ayudaron para que las mujeres realizaran sus carreras universitarias, lo que obtuvieron y en la actualidad son y han sido destacadas profesionales de renombre mundial. Ya desde esta acción conjunta con su hermano se destaca una cualidad de Alberto: su generosidad.

Nosotros dos teníamos algo en común, además del ajedrez, y eso era el oficio: éramos gráficos. Es muy común que, tal vez por trabajar con letras, el trabajador gráfico se convierte en asiduo lector, y Alberto lo era. No sólo leía sobre material ajedrecístico, también visitaba lo mejor de la literatura universal. Y de acá a la escritura hay un paso chiquito a recorrer, y él lo realizó. Escribía con autoridad, nunca desarrolló un tema sin tener un profuso conocimiento del mismo. Pero además contaba con estilo de fina ironía, de tono algo burlón, que hacía más llevadero las lecturas de los temas más densos. Eso se nota mucho en los dos libros sobre partidas de ajedrez que escribió, los cuales con un trabajo artesanal editó. Pero no crean que fue por interés económico su publicación, la gran mayoría de los ejemplaren fueron obsequiados por el autor a amigos, Círculos y Escuelas de ajedrez. Siempre recuerdo que cada tanto aparecía con un paquete de diez libros, que nosotros los destinábamos para premios de los distinto torneos internos que se efectuaban en la entidad.

También había algo más de común entre nosotros (y en esto también estaba Carlos Gentile), que era nuestro gusto por la música clásica. Por eso no fue sorpresa que, ya a una edad madura, contrajera enlace con una cantante lírica chilena. Era una mujer de una refinada educación y muy agradable en el trato. La pareja se convirtió en una asidua concurrente al Círculo, pero lamentablemente, luego de varios años de apacible y feliz convivencia, ella contrajo una cruel y grave enfermedad que requería de grandes cuidados intensivos. Y Alberto no esquivó el desafío: durante un par de años dedicó la vida al cuidado de su compañera en silencio, sin una sola queja, en una demostración de silencioso cariño. Durante dos años estuvo fuera de toda actividad que no fuera la atención de la paciente, tarea que cumplió hasta el final.

Años más tarde, un grupo de sus amigos organizaron una colecta para regalarle una computadora, tarea que se llevó a cabo en poco tiempo. Pero él y la modernidad no estaban muy en sintonía, y al poco tiempo la donó al Círculo.

Por fortuna, cuando cumplió noventa años, le organizamos un asado homenaje que se realizó en el Club Pacífico de Villa del Parque.

La trayectoria de vida de una persona se asemeja a una partida de ajedrez, de la que participa un solo contrincante, que se divide entre dos tendencias: por un lado el materialismo, la acumulación, el egoísmo…En el otro bando el espíritu, la dádiva, el humanismo, la generosidad…Ambas tendencias disputan y tratan de imponer sus puntos de vista…, la contienda no tiene definición, y concluye cuando cae la aguja del reloj biológico. Luego, un imaginario tribunal define los resultados.

En el caso de Alberto, lo espiritual triunfó ampliamente sobre lo material. Pero lamentablemente en el mundo moderno, donde el interés de figuración supera a los sentimientos, donde el triunfo económico predomina sobre el altruismo, el sensacionalismo es mucho más visible que los actos correctos y silenciosos…su ejemplo de vida se asemeja a una gota en el océano.

Su vida nos enseña que nunca debemos renunciar a los sueños. Y en uno de ellos podemos pensar que estas especiales gotas, unidas fuertemente, se condensen en una nube inserta en un cielo buscador de futuros territorios de aire puro y libres de malezas…, para depositar su carga sobre sus prados, pintando en el horizonte un arcoíris de colores claros y resplandecientes.

Omar Peluffo



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